sábado, 4 de enero de 2020

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Un año que paso.

Jer 8:18  A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí.
Jer 8:19  He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?
Jer 8:20  Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos.


1Co 2:14  Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
1Co 2:15  En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
1Co 2:16  Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.


Luc 9:57  Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.
Luc 9:58  Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
Luc 9:59  Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.
Luc 9:60  Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios.
Luc 9:61  Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
Luc 9:62  Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.


Jua 21:20  Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?
Jua 21:21  Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?
Jua 21:22  Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.


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